domingo, 11 de junio de 2017

Trabajos en un tulípero


Lo que voy a mostrar en esta entrada son los trabajos que estoy realizando con un Tulipero de Virginia (Liriodendron tulipifera).
Los liriodendron o tulíperos, son un género de la familia de las magnolias. Dentro de este género sólo hay sólo dos especies de árboles grandes de hoja caduca, uno nativo de la costa este de EE.UU., donde es el árbol oficial de los estados de IndianaKentucky y Tennessee, y otro en China.   
Estos árboles se reconocen fácilmente por sus grandes y características hojas de cuatro lóbulos. Son hojas caducas que antes de caer en el otoño toman un atractivo tono amarillento. El gran tamaño de la hoja y de su peciolo iban a ser los principales problemas del cultivo de esta especie.
El tulípero ha sido siempre un árbol que me ha atraído por la singularidad de su hoja, que semeja el perfil de un tulipán abierto, pero del que nunca se ha hecho ningún bonsái, que yo sepa. Lo tenía que intentar.
Para intentarlo, en el comienzo de la primavera de 2012 busqué un ejemplar adecuado en los viveros que suelo frecuentar. Encontré finalmente un ejemplar joven y alto, con ramas suficientemente bajas como para usarlas en el bonsái como primeras ramas, y una ramificación alta también potencialmente aprovechable. Como siempre, en estos casos la mayor duda estaba en las raíces, que no se pueden ver hasta desenterrarlas, algo que no te dejan hacer en el vivero.
En esta foto, con el tulípero recién comprado, se ve como crecen ramas desde muy abajo del tronco, algo imprescindible para esta transformación de un árbol de vivero en bonsái, y como había suficiente ramificación alta como para ser  aprovechada.


Corté la maceta y descubrí un mazo de raíces densas y sanas.

Fui recortando cuidadosamente las raíces, manteniendo el equilibrio para que hubiera desarrollo por todos los lados del tronco. Lo primero tuve que cortar las más gruesas pivotantes que salían justo por el centro. Hacer esto es muy importante porque esas raíces nunca se verán en el nebari, y si no se eliminan pronto luego no habrá forma de colocar el futuro al árbol en las poco profundas macetas de bonsái.
A continuación busqué una maceta de entrenamiento adecuada para las raíces que había conservado, un 20% de las que traía originalmente del vivero. A veces da miedo recortar tanto, pero no suele ser un problema si las que dejamos están sanas, y reducimos la parte aérea del árbol en una proporción similar.

Coloqué una base de arena para asegurar un buen drenaje y rellené el resto de la maceta con akadama de grano grueso.
Aseguré con un palillo que la akadama se metiera perfectamente entre todas las raíces, sin dejar huecos.

Finalmente deje por el exterior las raíces que me iban a servir en el futuro para formar el nebari, razonablemente bien repartidas por el perímetro del tronco, y cubrí la akadama con musgo para mantener bien la humedad del sustrato. Aunque no había muchas raíces a esa altura del tronco, las que conservé estoy seguro de que en el futuro crecerán gruesas y bien repartidas.
Ya con el árbol en posición empecé a hacer los cortes de la parte aérea. Preferí hacerlo en ese momento, y no antes de cortar las raíces, porque quería ver la imagen que podría ir dando sabiendo ya el arranque del tronco.

Lo primero que hice fue cortar el tronco central en el arranque de una rama menor lateral, que en el futuro formaría un tronco de sección decreciente, grueso abajo, delgado arriba, en un corto recorrido. Lo hice con varios cortes sucesivos; si se quiere hacer de una vez siempre cabe el riesgo de que dañemos la imprescindible rama que hemos dejado al lado y que será el arranque del futuro ápice.

Después de ajustar el corte con la tijera cóncava, protegí la cicatriz con pasta selladora.
A continuación recorté parcialmente las ramas que había dejado.

El resultado era una rama central que haría de tronco, con varios brotes laterales, y dos ramas bajas que, como bien se sabe, son lo más importante en el diseño de un bonsái.

Después de alambrarlas me di cuenta de que el tronco era demasiado largo y que podía recortarlo aún más. Siempre es mejor hacerlo en varias tandas que no hacerlo de golpe y luego arrepentirse.


Ese mismo año, a lo largo del verano, el árbol brotó perfectamente de todas las ramas que había mantenido. Sin embargo, ya empezaba a ver el problema que tendría en el cultivo, el tamaño de las hojas que era enorme, pero lo que era peor, el tamaño del peciolo de la hoja, que casi parecía una pequeña rama y que llevaba la hoja en cualquier dirección.

Procedía a aplicar una de las técnicas clásicas para reducir el tamaño de las hojas, que es el defoliado completo. Sin embargo eso provocaba que las yemas finales, muy potentes en esta especie, desarrollaran de nuevo hojas igual de grandes. He probado con este sistema durante varios años, incluso con dos y tres defoliados en una temporada, otros árboles no lo habrían soportado, pero el tulipero es muy vital y lo aguanta, pero volvían a formarse hojas igual de grandes que las de la primera brotación. Está claro que el problema estaba en el tipo de yema terminal que no se ve afectada.
En este año de 2017 he probado con una nueva estrategia. A principios de año, pocos meses antes de que brotara de nuevo, procedí a una poda de ramas en las que eliminé todas las yemas. Sólo dejé la madera dura. La vitalidad el árbol me hacía suponer que no habría ningún problema. Efectivamente, al comienzo de la primavera el árbol empezó a brotar, no de la parte terminal de la rama, sino de toda ella, generando en la misma rama 2, 3 y hasta 4 brotes. Estos brotes se pueden considerar débiles y el resultado es una hoja mucho más pequeña que la original. Lo he puesto a pleno sol para que el tamaño de la hoja tampoco necesite aumentar, ya que recibe suficiente radiación, y he moderado el riego y el abonado, por el mismo motivo.

 

Aquí se ven algunos de esos brotes laterales, aflorando y ya con hojas.

El aspecto del árbol es claramente mejor, con una imagen más equilibrada entre el porte, la envergadura y las hojas. A pesar de ellos algunas hojas aún son más granes de lo deseable; las cortaré, pero no sólo la hoja, sino también la yema donde se encuentra dejando las hojas de la rama más cercanas al tronco que suelen ser más pequeñas. Si de esa rama vuelven a salir hojas, la yema que tendrá que desarrollar será más débil. Creo que a lo largo del verano crecerán aún algo más las ramas y podré poner en el blog una foto otoñal con sus hojas amarillentas.

Este año no defoliaré las hojas, creo que el esfuerzo que ha hecho el árbol es más que suficiente, me limitaré a controlar las yemas y no dejar que ninguna se hinche en exceso.

En estos cinco años lo he mantenido en la misma maceta de entrenamiento que puse al principio. Dado el corte radical de raíces no ha sido necesario hacer un trasplante antes. Las raíces crecen sanas, y al año que viene seguiré con la estrategia empleada este año y lo trasplantaré a una maceta más adecuada.

lunes, 5 de junio de 2017

Evolución fotográfica de un pino


Una entrada para mostrar la evolución de un pino, recogido en la montaña, del que ya hice una referencia previa explicando todo el proceso de formación.
Los resultados ya empiezan a ser palpables al cabo de los 10 años de cultivo.
2007
2008
2010
2012
2013

2017

El árbol está alcanzando una gran densidad de ramas, con una agujas muy pequeñas, según la imagen prevista desde el principio, que no es otra que la que pedía el propio pino.